CAMBIOS EN EL CLIMA

Naturales o provocados?

Benito Piuzzi (*)
Meteorólogo MSc.

Introducción

Los múltiples escenarios que describen la evolución posible de las actividades humanas en el transcurso de las próximas décadas permiten realizar ciertas inferencias respecto a las componentes del sistema climático futuro. Sobre esta base y utilizando los modelos climáticos más confiables, es posible aseverar que, de no cambiar la política actual del medio ambiente, la temperatura media de la atmósfera en superficie aumentará significativamente en el transcurso del siglo XXI, involucrando una modificación profunda de las zonas climáticas actuales y, por vía de las consecuencias, los climas regionales y las infraestructuras agrícola, económica y social asociadas.

En efecto, la utilización de los combustibles fósiles, ya ha contribuido a aumentar la concentración de CO2 en el aire en el orden de un 25% en el transcurso de los últimos 100 años. La concentración de gases traza tales como, el CH4, el N2O, los CFC y el ozono, radiativamente activos como el CO2, está también aumentando significativamente en la tropósfera a causa de las actividades humanas.

Los modelos climáticos concluyen que, para el caso hipotético de una duplicación de las concentraciones combinadas de los gases de efecto invernadero, el aumento de la temperatura media global del aire en superficie debería estar comprendida entre 1,5C y 4,5C. Aunque no sea posible aún, simular las características regionales asociadas a un cambio tal, los primeros resultados generados por los modelos más completos, tienden a mostrar, a una escala más global, lo siguiente:

- el calentamiento sería máximo en las altas latitudes

- que la sequía estival llegaría a ser más frecuente sobre los continentes de latitudes medias del Hemisferio Norte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Situación actual

La sociedad actual se caracteriza por muchos aspectos trascendentales, tales como su continua expansión económica, un continuo crecimiento demográfico, una tecnología centrada en la rentabilidad en ausencia de una política del medio ambiente a largo plazo, un frenesí cada vez mayor por apropiarse del medio ambiente, más que una voluntad de vivir en armonía con él, un egocentrismo de tipo "la naturaleza al servicio del hombre". En realidad, más que desarrollar una política sana que conduzca al hombre a integrarse en su medio natural respetándolo y mejorando las condiciones medias de vida sobre la Tierra, se han desarrollado progresivamente verdaderas bombas de retardo para las generaciones del siglo XXI.

Bombas ya que sus efectos constituyen riesgos importantes que pueden ser devastadores. De retardo ya que estos efectos no serán visibles mientras no sea demasiado tarde para poderlas evitar. La naturaleza no tiene, la capacidad de absorber la contaminación del aire, del agua y de los suelos, a la velocidad con la cual la sociedad la está introduciendo desconsideradamente sus desechos y otros residuos de una tecnología, la mayor parte del tiempo, indiferente por no decir, hostil al medio ambiente.

Estas bombas, subproductos de la actividad humana, son numerosas, siendo las de mayor trascendencia:

 

    1. El efecto invernadero y el aumento de la temperatura a nivel mundial, conducentes a un alza del nivel de los mares y a una modificación geográfica de las zonas costeras y de producción agrícola.
    2. EL avance de los desiertos, la desertificación y la erosión.
    3. La deforestación y su impacto sobre el clima y la aridificación, asociado a una desaparición de especies vivientes.
    4. El debilitamiento de la capa de ozono y la multiplicación del cáncer a la piel.
    5. La contaminación atmosférica local y transfronteriza, conducentes en muchos casos a la ocurrencia de las llamadas "lluvias ácidas".
    6. La contaminación del agua de ríos y océanos
    7. Los accidentes nucleares y el almacenamiento de desechos radioactivos.
    8. Los pesticidas y abonos con sus incidencias sobre la cadena alimentaria y la contaminación de suelos y napas freáticas.
    9. La explosión demográfica, el ruido, la acumulación de los desechos de hogares e industrias, en resumen, la urbanización.

     

     

     

 

 

 

 

 

Conclusiones

Probablemente, jamás será posible hablar con certeza total de las características futuras del clima ya que, se producirá inevitablemente fluctuaciones climáticas naturales, cambios climáticos a largo plazo y fenómenos de carácter repentino, tales como el análisis del pasado nos permite suponerlo. Mientras la sociedad humana no adquiera un conocimiento más profundo del sistema climático, de las interacciones entre sus diferentes componentes y las influencias exteriores a las cuales está sometido, ésta no estará en condiciones de prever con certeza los efectos de la intervención del hombre sobre el clima, situación que merece una especial atención y en particular al estudio de los modelos así como a la reconstitución de los climas del pasado.

En espera del conjunto de resultados obtenidos hasta el presente, es posible aseverar, que mientras no se produzcan errores de factor 2 en las previsiones de todo orden (producción de CO2, ciclo del CO2, efecto climático global, incidencia climática regional y efectos sobre el desarrollo social), es cierto que las actividades humanas pueden constituir un elemento que se debe indiscutiblemente tener en cuenta en la simulación de los cambios climáticos futuros, probablemente, esta acción dará al clima y al medio ambiente un aspecto que no se ha conocido.

En consideración a las informaciones del pasado, una duplicación del CO2 atmosférico podría tener impactos profundos sobre el ecosistema global, la agricultura, los recursos hídricos y la seguridad alimentaria.

Aunque estos efectos podrían agravar las tensiones internacionales y agitar todo el sistema económico, se debe admitir que los cambios climáticos no serán nefastos para todos. Indiscutiblemente, el aumento de la temperatura a nivel planetario redistribuirá los recursos climáticos, mejorando la situación en ciertos lugares y empeorando en otras. De todas maneras, el conocimiento parcial e incierto de los fenómenos no ayudará mucho en la adaptación del hombre al nuevos escenarios ni a limitar los daños durante la transición. En efecto, durante la transición progresiva hacia el nuevo equilibrio climático, las dificultades podrían ser las mayores. Esto es particularmente verdadero en un mundo de más de 5 mil millones de habitantes estrechamente ligados económica y políticamente. Visto el grado de sofisticación de las tecnologías de las cuales se depende cada vez más imperativamente y la interdependencia de todas las estructuras, la sociedad es tanto más sensible o debilitada frente a las contra reacciones que caracterizan todo sistema altamente no linear, tal como el que gobierna su comportamiento global.

El riesgo de desequilibrio que provoca el desarrollo industrial y económico iniciado a mediados del siglo XX, a las generaciones futuras, a que todos los fenómenos mencionados anteriormente, deban ser estudiados con mayores medios y atención, de esta manera, será posible de proveer en el más breve plazo, las previsiones cuyas garantías sean suficientes para permitir un desarrollo ulterior en armonía con nuestra forma de vida.

Una concertación organizada entre las diferentes disciplinas involucradas, se hace urgente e indispensable; por una parte, meteorólogos, climatólogos, oceanógrafos, biólogos y agrónomos y por otra parte, sociólogos y políticos encargados de la planificación del desarrollo.

De todas maneras, se requieren serios esfuerzos para una mejor integración del desarrollo en el medio ambiente, ya iniciado en muchos países desarrollados y en vías de consideración en el resto de los países, aunque muchas naciones realizarán estas consideraciones a más largo plazo debido al aumento de la demanda energética, inevitable debido a la explosión demográfica y a la expansión de sus sistemas económicos.

Más preocupados de un bienestar inmediato, la sociedad ha omitido hasta ahora la integración de diversos elementos en una perspectiva a largo plazo; al respecto, es tiempo de avisorar la acción global de la sociedad humana en un sistema a escala planetaria. Corresponde al hombre elegir, a menos que se prefiera esperar, con todos los riesgos que esto implica y que la naturaleza decida por el hombre.

Bibliografía

 

  1. Berger, 1989. Notre climat en mutation ou l'action de l'homme sur le climat. Texto preparado con motivo de la invitación al centenario de la Asociación de Industriales de Bélgica.

OMM - PNUMA, 1992. Cambio Climático, Evaluación científica del IPCC, Tomo I. Versión en español editada por el Servicio Nacional de Meteorología a través del Centro de Publicaciones del Ministerio de Obras Públicas y Transportes de España.

OMM - PNUMA, 1992. Cambio Climático, Evaluación de impactos del IPCC, Tomo II. Versión en español editada por el Servicio Nacional de Meteorología a través del Centro de Publicaciones del Ministerio de Obras Públicas y Transportes de España.

OMM - PNUMA, 1992. Cambio Climático, Estrategias de respuesta del IPCC, Tomo III. Versión en español editada por el Servicio Nacional de Meteorología a través del Centro de Publicaciones del Ministerio de Obras Públicas y Transportes de España.

WMO, 1997. Technical Note N199, Climate variability, agriculture and forestry an update.